Epílogo
Como epílogo del que para mi ha sido uno de los viajes más memorables que he realizado, por lo exótico del país y por la muy grata sorpresa que supuso la belleza de los lugares visitados, quiero resumir en los siguientes apartados las incidencias o puntos a destacar. Las fotos que acompañan este blog no reflejan sino una mínima parte, y nunca con la fidelidad del original, las imágenes que durante el itinerario pudimos contemplar.
La Organización. De Travelplan debo decir que no me gustó su organización en el día de la salida; nos hizo perder demasiado tiempo en esperas, no cumplió con ciertos “regalos” que prometía en su catálogo y no se dignó responder a un email que le dirigí en el que exponía algunos comentarios negativos que consideraba justos. Por el contrario, mientras estuvimos en China, todo fue correctamente; los guías amables y atentos. Los desplazamientos por las ciudades y dentro del país muy bien.
El Viaje. Los vuelos de Madrid Beijing y viceversa, se caracterizaron por una demora de tres horas en ambos casos, por lo demás fueron tranquilos y sin ningún incidente digno de mencionar. Los vuelos interiores, fueron cinco, los hicimos con toda normalidad en modernos aviones, con bastante puntualidad y perfectamente atendidos.
Los Hoteles. Todos acordes con la categoría de cuatro estrellas si
bien algunos mejores que otros. En Beijing, el Hotel Tian Tan, bastante bien situado y con un buffet para el desayuno de lo más completo que uno puede imaginar. En Xian, el Hotel Aurum, céntrico y con un buen restaurante. En Guilin el Hotel Plaza, irreprochable en sus instalaciones y servicios. En Guangzhou estuvimos en el Hotel Landmark, prácticamente a orillas del río, con unas vistas panorámicas preciosas. En Hong Kong nos alojamos en el Hotel Kowloon, también muy céntrico y con muy buenos servicios. En Shanghai, este fue el garbanzo negro de los hoteles; el Hotel Home, mal situado, en una zona donde no había
restaurantes para poder comer, habida cuenta que el hotel carecía de comedor y de bar (sólo servían el desayuno).
La comida. Puedo decir sin ningún tipo de ambages que comí razonablemente bien; la pasta la hacen deliciosa, y algunos tipos de verduras eran exquisitos, amén de las alitas de pollo, o las gambas, o las sopas. La cerveza del país notable.
El circuito. Fue todo interesante pero demasiado apretado y, sobretodo, mucho tiempo muerto en traslados y aeropuertos.
Particularmente eché en falta tiempo para deambular por las calles céntricas y las avenidas, paseando tranquilamente y observando a mi alrededor. Beijing me encantó, como gran ciudad que es, con una población de 8 millones, más los transeúntes que hace que se acerque a los trece; pulcra y ordenada, salvo en el tráfico, con sus espaciosas avenidas y sus edificios vanguardistas; hasta las farolas de alumbrado público, con su diseño modernista, atraen poderosamente la mirada; el lago Kunming al anochecer, lleno de terrazas abarrotadas de
gente, tomando un piscolabis y haciendo tertulias. Xian de noche me fascinó, con cerca de 6 millones de habitantes, y centro histórico amurallado, recoge alrededor de la plaza de las torres de la Campana y del Tambor, un hervidero de gente que llenan de color el ambiente, haciéndolo casi mágico. Guilin fue un ensueño; ciudad de 650 mil habitantes, es recorrida por el río Lijiang, de 473 Km. a lo largo del cual se dan lugar esas formaciones orográficas tan peculiares y cambiantes, para deleite de la vista; también destaca, por la noche, el paseo por la orilla del lago Shanshu, desde el que se contemplan las dos pagodas iluminad
as. De Guangzhou vimos apenas nada aunque se vislumbraba una gran ciudad; con casi 7 millones de habitantes es atravesada por el río de las Perlas que, con sus 2.200 Km., es el tercer río más largo de China, después del Yangtze y del río Amarillo. De Hong Kong que decir, la sinfonía de luz y sonido desde el paseo de las estrellas, es indescriptible. Shanghai, trece millones de habitantes, más de 4000 rascacielos; el río Huangpu, de 97 Km, la abre en dos zonas perfectamente definidas: el Pudong en la orilla este del río, zona de nuevas construcciones y distrito financiero; el Bund, en la orilla opuesta, zona del malecón, donde se conservan los edificios más ar
istocráticos y la nostalgia de una parte de la vieja Europa; el barrio francés, enclave lleno de terrazas y restaurantes al más clásico sabor parisino, o de cualquier gran ciudad europea. En el Pudong, a donde se llega en ferry, se encuentra el edificio Jin Mao; con sus 420 mts. es el quinto más alto del mundo; sus ascensores toman la velocidad de 9,1 m/s subiendo hasta el piso 88, donde se encuentra un mirador capaz de acoger a mil personas, en 45 segundos. También Shanghai dispone del Tren Bala, tren de tracción magnética, que une la ciudad con el aeropuerto, situado a unos 30 Km. en ocho minutos, alcanzando una velocidad punta de 450 Km/h.
Las compras. Para quien disfruta comprando barato, China es un paraíso, pero ¡ojo! que acostumbran a dar gato por liebre, aunque la gente ya esta avisada y sabe qué es lo que en realidad está comprando. Las imitaciones están conseguidas perfectamente aunque la calidad es evidente que apenas cubre unos mínimos en algunos casos. Nos comentaban los guías que existen tres clases de imitaciones: C, B, A, siendo esta última la mejor y, por supuesto, la más cara. Destacan las prendas y tejidos, pues tanto el algodón, como la seda, son bastante aceptables.
En resumen, debo decir que ha sido un viaje muy completo y en el que hemos disfrutado de todos sus encantos, por lo que puedo añadir que lo recomendaría a todo aquel que me preguntara. Ahora bien, de todo lo visto me quedaría con los siguientes puntos, para mi de un interés manifiesto: Beijing, Guilin, Hong Kong y Shanghai.
Este epílogo lo acompaño de algunas fotografías bajadas de Internet, de autoría anónima, pero de gran belleza, que reflejan
lugares por los que nos movimos.











































