28 octubre 2006

Días 15-16 Shanghai - Beijing - Madrid


Día 15. Shanghai – Beijing

Esa mañana, durante un par de horas, la dedicamos a pasear por las avenidas y calles próximas al Hotel, distintas al centro turístico del malecón, resultaban anodinas y como podrían corresponder a cualquier gran urbe sin peculiares atractivos, salvo la gran cantidad de gente que se veía por todas partes.

Después de comer en un restaurante ubicado junto a un entramado de autovías a distintos niveles el autobús nos llevó hasta la estación del tren “bala”, que une la capital con el aeropuerto, para tomar el avión que nos dejaría en Beijing.

Este es un tren de suspensión magnética, diseñado en Alemania y está rodando en plan experimental, según nos comentaron. Realiza el único recorrido Shanghai-Aeropuerto (y viceversa), de 30 Km. en ocho minutos, alcanzando una velocidad punta de 450 Km/h. La experiencia es notable pues se puede ver, por medio de los indicadores, la velocidad que el tren va alcanzando y el tiempo transcurrido y sólo cuando se pasa de los 300 km/h se empieza a notar cierto tembleque, como si se circulara por una vía bacheada, aunque realmente no existe rozamiento físico “ruedas-vías” puesto que el tren se desliza en un campo magnético.

El vuelo fue tranquilo y aterrizamos a media tarde. En la terminal nos esperaba Hojita Bonita, Alicia, a la que saludamos con afecto. Llegamos al hotel y después de una agradable ducha nos fuimos dispuestos a cenar como Dios manda.

A pocos minutos del hotel, habíamos localizado un gran restaurante, muy bien montado, con muy buena pinta, y a el nos encaminamos. Entrando, al centro había una serie de mostradores con comida, de todo tipo, como precocinada; ensaladas, postres. A la izquierda estaba distribuido el pescado y el marisco, y hacia allá nos dirigimos. Después de echar el ojo a los productos nos decidimos. Encargamos una fuente de camarones, gordos, magníficos; un lenguado y un rape, frescos fresquísimos; y como colofón una langosta, la más grande del acuario, pesó más de tres kilos.

Ahora, los cinco estábamos a la expectativa de cómo nos prepararían los manjares solicitados. Aunque, con la camarerita china que nos atendió, por cierto encantadora profesional, nos podíamos entender en inglés no las teníamos todas con nosotros.

Comenzaron por los camarones, rojos, parecían lacados como las puertas de los templos visitados, gordezuelos y duritos, con un sabor exquisito que empezó a hacer que nos congraciáramos con el cocinero y su séquito; seguidamente trajeron los dos pescados, no sé como estaban hechos, pero los sirvieron sobre unas salsas que les conferían un sabor claramente original; lomos estupendos, blancos, sin espinas, deliciosos. Por último el plato reina: la presentación fue asimismo espectacular, pues la trajeron empleando como fuente un barco de madera, de 50 ó 60 centímetros. de largo. La langosta estaba troceada, no a rodajas sino a trozos, con su cáscara, y cada trozo que cogíamos llevaba adherido un pellizco abundante de carne blanca y jugosa. Debajo de la pieza un lecho de tallarines cocidos con el jugo en que se había hecho el marisco, dándole a todo un sabor incalificable por lo rico que nos supo. Fue una cena opípara, de disfrutar, sobre todo por lo buenas que nos supieron todas las viandas. Tomamos postres, bebidas y cafés y la cuenta total subió a unos 1200 yuanes (120 €).


Día 16. Beijing – Madrid

Este fue nuestro último día y, como tal, con apenas incidencias que narrar pues salvo unas horas por la mañana el tiempo se dedicó al viaje.

Ese par de horas de que dispusimos nos dedicamos a pasear por las avenidas próximas al hotel llegando a una zona en la que descubrimos uno de los célebres hutongs, barrios populares, donde la anchura de las calles va de los cinco metros, las principales, a los dos metros. Pudimos ver ejercer el oficio de peluquera femenina en una de las calles, al aire libre; la gente amable respondía a nuestro saludo con el suyo, “ni jao”.

El vuelo lo hicimos como la inicio, es decir, con Air Europa y, al igual que entonces, salimos tres horas tarde. Esta vez el comandante se disculpó, diciendo que la causa del retraso era el mal tiempo (es cierto que antes de embarcar soplaban vientos fuertes racheados, precursores de un tifón).

Fuimos acompañados por 17 bebés, producto de otras tantas adopciones y hubo momentos que la cabina parecía una guardería. Procuré relajarme pero debo decir que no me fue demasiado fácil.

Llegábamos a Madrid a las 21,30 hora local.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Impresionante lo del tren bala.
Me han gustado las fotos
Pepe Juan

Anónimo dijo...

Muy interesante lo del tren bala y como si fuera poco con el viaje nos cuentas la comilona de la langosta, seguro que te sentó bien, pues que aproveche, ala...

Anónimo dijo...

A very nice travel, a good description and very good photos.
Congratulations.